¿DÓNDE ESTÁ A SU NIÑO INTERIOR?


Se percibe que al pasar de los años, en la madurez de la vida adulta, nos vamos transformando en cactus. El mundo colorido del niño donde todo es mágico y posible fue sofocado por un mundo gigantesco, lleno de miedos, pánico, cobranzas, responsabilidades y distorsiones.
Así, el niño se va transformando en un cactus. Perdimos la espontaneidad y el cactus comienza a guardar las aguas (penas). La alegría se intimida ante la rigidez y las preocupaciones. Cambiamos la valentía de desbravar lo nuevo con ímpetu y vida, a cambio de espinas que nos protegen y nos aislan. Todo esto para que el cactus sobrevive en el desierto caliente y seco.
A veces me pregunto: ¿De qué necesita el mundo?
El mundo necesita es un abrazo sincero, una conversación de pecho abierto, una sonrisa franca, una mirada directa. ¿Y cómo podremos ser abrazados y amados lleno de espinas como un cactus?
El mundo necesita liberarse si sus espinas y despertar al niño que reconoce a la madre y le da el cariño y el respeto.
No reconocemos a nuestra madre: la naturaleza (madre de todas las madres, que nutre a todos los seres), no nos reconocemos a nosotros mismos ni a nuestros hermanos.
Es el despertar de este niño que transforma el cactus en árbol. Pues necesitamos sí, ser rígidos y firmes en nuestras metas, tener foco para alcanzar nuestros objetivos; disciplinar y conducir a ese niño, fuente de creatividad y vida que vive en nosotros.
No podemos ser los cactus, que viven en caliente y seco desierto vacío, la alimentación de esta masa de miedo, el estrés (principalmente relacionado con el dinero llega directamente al dolor en la base de la columna vertebral), pánico, confusión, enfermedades y frustraciones frenéticamente sofocan nuestra humanidad. Y no tenemos noción de lo tóxico que es para nuestro cuerpo.
Podría decir que la primera de todas las enfermedades es la frustración. El espíritu sueña, el cuerpo realiza, y la distorsión entre ellos es la no realización. En este sentido, vemos la importancia de mantener esta máquina divina y perfecta llamada cuerpo en buen funcionamiento, pues es él quien recibe todas estas toxinas, se enferma y deja de realizar.
Entonces, que podamos transformar nuestros cactus en bellos árboles. En las raíces, la esencia del niño, dándonos fuerza y ​​nutriendo nuestras esperanzas y sueños, en los troncos, la rigidez, la firmeza y la estructura del adulto, y en la copa, la serenidad, la ligereza y la sabiduría del anciano. camino, dejamos de ser cactus para ser el más divino y sagrado árbol de la vida. Sana y llena de fe para dar frutos y realizar nuestra misión de vida, crear nuestra obra divina.

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